“Vísteme despacio, que tengo prisa”

El sol otoñal de Les Corts invitó a madrugar. Sin prisa y saboreando Barcelona, caminé en dirección a la Avinguda Diagonal. El desayuno se retrasó por una visita a MediaMarkt. Abandono la tienda -sin la cámara web que pretendía comprar- y continúo con el paseo. De repente, me topé con el mítico Café Europa.

Detengo mis pasos y fijé la mirada en una mesa de la terraza. ¿Quién estaba desayunando en bar? Jan “Napoleón” Laporta.

Presuroso, me acerqué a la mesa. Josep Ignasi Macià interceptó mi impetuoso andar y me saludó. “Hola, Sergio. ¿Cómo andas? ¿Qué haces por aquí?”. Acto seguido, devino la presentación formal. “Jan, te presento a Sergio. Él es un periodista argentino que cubre al Barça”. Laporta, educado y dispuesto al diálogo, se mostró cercano, empático y amigable. Me preguntó por su gestión y me pidió que la califique. Hablamos del Barça, de Pep y de Xavi. Nos despedimos contando anécdotas de Cruyff, recordando su legado. La foto que rubricó el momento nos la tomó Macià.

Estratega, carismático, seductor, habil, Laporta tiene desquiciados a sus enemigos. En la corta y en la larga distancia, el pugilista Jan noquea a los políticos opositores con el cross del Campeón. Nunca ven venir sus jugadas (y sus golpes). El Barça es “Más que un Club”, Laporta, “Más que un Presidente”.

El establishment catalán sueña con delirantes Mociones de Censura. La caverna, disciplinada por el Ser Superior, lo atiza día sí y día también. De “La Liga Negreira” a la guerra con Tebas. Que Laporta pretende vender al Club, que el Espai Barça es inoportuno, que los viajes de Laporta a Qatar y Arabia Saudí…

Los ataques mediáticos se multiplican. Las infamias juegan de local. Muchas veces, de visitante. Sonriente y extrovertido, Jan “Napoleón” Laporta les contesta a sus enemigos con la histórica frase del estadista francés: “Vísteme despacio, que tengo prisa”.

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