Cada 24 de junio, el mundo celebra el cumpleaños de Leo Messi. Lo festeja, y a la vez, toma conciencia de que el mejor de la historia y del Barça (sí, del Barça) está un paso más cerca del adiós definitivo.

En tiempos donde para todo hay un juicio de valor, donde la interpretación de hechos y declaraciones va dependiendo del ‘ismo’ radical al que pertenezcas, es importante conmemorar una fecha que es especial para un protagonista que se instaló en el corazón de todos los culers (o la gran mayoría), como un tatuaje que, por más que intentes borrarlo, alguna marca quedará.

Que si el plan, que si el paripé… Nos creemos la versión oficial de un lado pero no la declaración de otro. Un corazón roto en dos pedazos. En vez de quedarnos con uno de los dos lados, mejor es juntarlos.

Podría, a modo de homenaje, repasar números y momentos del gran ’10’ con la samarreta blaugrana. Eso está ahí y nunca podrá cambiar. Lo que sí debemos es quemar esa necesidad absurda de tomar posición de un lado o de otro. No es más messista quien únicamente culpe al club o a la Junta Directiva del adiós y el ‘no’ de Leo, ni más culé quien crea que todo el peso de la responsabilidad recae en Messi.

El Barça es más grande que cualquier jugador, entrenador o presidente. También es justo decir que, por cualquier razón, algunas leyendas no terminaron bien la relación. Algo pasa.

Pasar página de Leo es una misión imposible. Tampoco es necesario. Todo lo que Messi le dio al Barça jamás podrá ser borrado. No deberíamos dudar de su barcelonismo. El mejor es y será siempre, corazón culé. ¡Feliz cumpleaños!

Por Yair Ruiz

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