Cumplía Xavi Hernández cien partidos en el banquillo del FC Barcelona y lo hizo con un muy trabajado pero merecido triunfo, que coloca al club blaugrana líder del grupo H de la Liga de Campeones. Vendió cara su piel el equipo portugués, tal cómo era de esperarse y adelantabamos en la previa, planteando un partido muy táctico e inteligente, buscando siempre explotar las debilidades del Barça y que, al parecer, el técnico Sérgio Conceição tenía bien estudiadas.

Xavi salía con Araujo y Kounde como pareja de centrales y con Lamine en la banda derecha a pierna cambiada, la sala de máquinas era para Oriol Romeu; sin duda parecía un once perfecto, al menos en lo teórico, para ir a buscar los tres puntos y el liderato del grupo. Pero, no fue tan sencillo, Gundo y Gavi estaban desconectados entre sí, Romeu tampoco los encontraba en la salida y tal como pasó frente al Sevilla, el equipo buscaba poco en ataque a Lamine Yamal, lo que dejaba a Robert Lewandowsky muy solo en la delantera.

Joao Félix lo intentaba, pero era más un querer y no poder, apenas tocaba el balón, los pitos bajaban sonoramente del Estadio de los Dragones, recordandole su pasado en el eterno rival, el Benfica. Si el plan de los portugueses era provocar un cortocircuito en todas las líneas de juego y pase de los azulgranas, lo estaban cumpliendo a rajatabla. Incluso parecía más peligroso el local cuando atacaba que el mismo Barcelona, el cual tocaba y tocaba, pero con mucha lentitud, de forma muy espesa y con un juego excesivamente previsible; el centenario de Xavi como entrenador culé se estaba ensombreciendo peligrosamente.

Pero en esas cosas del fútbol, y cuando todo indicaba un 0-0 al entretiempo, pase atrás del mediocampo del Porto, Gundogan intercepta el balón, cede para Ferrán Torres y a cobrar, 0-1. Es importante destacar que Ferrán había entrado al campo de juego unos minutos antes sustituyendo a Lewandowsky que se retiró con molestias del campo por una fea entrada de la defensa portuguesa, la cual ni siquiera fue falta. Fin de los primeros 45′, sin mucho más que añadir, pero con bastante para hablar y corregir en los vestuarios.

El segundo tiempo empezó tal cual terminó el primero, circulación lenta del equipo culé, mucha dificultad para encontrar espacios y un Porto cada vez más peligroso a la contra; una mano de Joao Cancelo en el área era pitada como penalti a favor del equipo portugués… menos mal que el VAR nos echó un cable anulando la jugada por mano previa del delantero del Porto. Sin tiempo para sacudirnos los miedos y los fantasmas de la Champions de un vez por todas, Taremi se saca de la chistera una impecable chilena para fusilar a Ter Stegen a quemarropa… volvió a intervenir el VAR, anulando el gol por fuera de juego.

A estas alturas el empate era más que merecido para el cuadro portugués, pero en esta caprichosa competición llamada Liga de Campeones, no valen merecimientos ni historias y por lo general hay que ponerse el mono de trabajo. Salió Lamine por una indisposición y entró Marcos Alonso lo que provocó que el equipo se metiera más atrás todavía, defendiendo muy peligrosamente cerca de su arco, y a sacar agua tras cada ataque del Porto; tuvo el Barça un par de contras para liquidar el partido, pero ya las piernas pesaban.

Tanto, que en una torpeza más producto del cansancio que de otra cosa, Gavi vio su segunda tarjeta amarilla y fue expulsado en las postrimerias del partido. La verdad, partido feo, de los que no quedan en la retina, pero que valen tres puntos que dejan al FC Barcelona como líder del grupo y con los deberes hechos en Champions antes de un nuevo parón de selecciones; ciertamente con todavía muchísimo que mejorar para ser un equipo fiable en Europa, pero entendiendo también las múltiples e importantes bajas del equipo blaugrana.

¡Enhorabuena a Xavi, por la victoria en su partido número 100 y a seguir trabajando! Un 0-1 deslucido, pero valioso como el que más y que acerca, por fin, a los octavos de final.

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