¡Vaya partido el vivido en Anoeta! Si la semana pasada el equipo mereció llevarse los tres puntos frente al Real Madrid, en esta jornada, ciertamente, el FC Barcelona ganó un partido donde tranquilamente pudo haber perdido, al menos por dos goles. Una victoria que sabe a gloria bendita porque además de los puntos que meten presión a los líderes, los blaugranas fueron sometidos por una Real Sociedad que impuso condiciones y juego, pero al que le faltaron goles.

Y es que, en honor a la verdad, Imanol Alguacil superó claramente en lo táctico a Xavi Hernández y los primeros minutos fueron de absoluta zozobra para los cules; y tal como se comentó en el partido del filial, la fortuna estuvo del lado de los catalanes, tanto en el primer equipo como en el Barça Atlètic, pues no se podía entender como los donostiarras no estaban ganando el partido. ¡Tuvieron la primera ocasión antes del minuto uno!

Oriol Romeu fue al banquillo y Xavi planteó un partido similar al de hace ocho días, sumando a Cancelo al centro/extremo del campo, Araujo de lateral derecho y arriba João Félix y Lewandowsky. Parecía, nuevamente, un 3-2-3-2. Pero, los locales estaban presionando muy bien en la salida con un 5-3-2 con mucha intensidad y super poblando el medio campo, lo que provocaba que los cules tuvieran poco el balón y Cancelo sumaba poco en el medio y en ataque. Más bien reculaba mucho para poder ayudar en defensa porque el agua estaba entrando por todos lados.

Y antes que se cumpliera los 10 primeros minutos del partido, entre la fortuna y Ter Stegen, se mantenía el 0-0. El Barça no solamente estaba siendo superado en lo táctico, sino también en lo físico; Anoeta estaba metiendo mucha presión desde las gradas y la intensidad de los de Alguacil, comandados por Take Kubo, de un escurridizo Oyarzabal y un espectacular Zubimendi, hacia presagiar que pronto caería el primero.

El mediocampo blaugrana no existía, Gundo no podía recibir con libertad, Gavi estaba muy rodeado y Fermín estaba totalmente desconectado más arriba. A eso, se le debe sumar un errático João Cancelo, que tampoco aportaba nada, ni en salida ni en ataque. Se estaba jugando exactamente a lo que quería la Real Sociedad. Las ocasiones se sucedían una tras otra, pero el gol no llegaba y ante los equipos grandes, eso siempre se termina pagando muy caro.

Sin cambios en ninguno de los dos equipos para la segunda mitad, si se veía algo distinto en los de Xavi en cuanto a intensidad, pero no en el juego y la Real seguía dominando el partido, aunque sin tanta claridad como en el primer tiempo. Eso si, todo hay que decirlo, Ter Stegen seguía en modo súper héroe bajo palos. No esperó Xavi a su minuto fetiche, el 60, para hacer los cambios, sino que se adelantó unos minutillos. Al 57, mandaba a la cancha a Ferrán por Lewy (volvía de lesión) y al anhelado Pedri por Fermín.

Honestamente, más allá de alguna escaramuza en el área donostiarra, tampoco era que las cosas habían cambiado mucho y seguía la Real dando mucha más sensación de peligro que el conjunto culé. Xavi respondió rápido y sacó a los João’s para que entraran Rafinha y Lamine Yamal.

Tomó nota Xavi de lo ocurrido en El Clásico y puso a Rafinha por la izquierda y a Lamine por la derecha y el Barça levantó un poco el vuelo, en parte porque ahora Gundo estaba más suelto y apareciendo por donde realmente hace daño (el borde del área y buscando último pase) y también porque era obvio que los locales no aguantarían los 90′ con la misma intensidad. La Real se partía por la mitad y el Barcelona generaba más ocasiones de verdadero peligro, pero Remiro estaba excelso bajo palos.

Ya se percibía el aroma a empate amargo para la Real Sociedad porque dominó prácticamente todo el partido, pero no concretó y para el Barça porque no sumar de a tres podía significar desconectarse peligrosamente de los punteros. Pero, apareció Gündoğan: levantó la cabeza y miró justo a tiempo a un Ronald Araujo que entraba en tromba desde segunda linea. Centro medido y “Araujazo” del uruguayo… que el árbitro, en colaboración con el linier, anuló inmediatamente por fuera de juego.

“Suspense” total mientras el infame VAR revisaba la jugada, pero solo con ver la repetición, se notaba claramente que el jugador culé estaba habilitado, por muy poco, milimétricamente, pero habilitado. Gol legal y 0-1. Imanol, la afición local, incluso la parroquia culé, no podían creen cómo en la última jugada del partido, caía el anhelado gol y volaban los tres puntos a Catalunya; las cámaras de televisión captaron a un Imanol Alguacil que se iba enrabietado hacia los camerinos, con toda razón. En la rueda de prensa posterior al partido, Xavi Hernández, destacaba la importancia de ganar partidos así, ante un “señor equipo” y jugando realmente mal. No sin razón, el Presi Jan Laporta lo definió como “la suerte de los campeones”. Realmente, ganar partidos de esta naturaleza son los que al final te dan el campeonato ligero. Se viene el Shaktar y la posibilidad de certificar el pase a octavos de final de la Liga de Campeones, ahuyentando finalmente los fantasmas de las últimas temporadas, pero habrá que mejorar y mucho, para que pasar de octavos no sea una verdadera quimera.

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