Que el ser humano sea un perfecto hipócritaes una contrariedad de la naturaleza y nos puede contrariar que no es lo mismo que contradecirnos. Desistir de un objetivo nos puede llevar a la auto justificación o la automentira, pero contradecirnos nos focaliza en nuestra incoherencia y eso causa mayor daño.

A través de nuestras opiniones y decisiones y sin descartar al azar vamos consolidando nuestra personalidad. Seguramente nadie es totalmente honesto pero no por ello deja de ser coherente con uno mismo.

La posibilidad de un acuerdo Barça-Qatar ha puesto sobre la mesa un debate ante el que unos requieren una franqueza moral impoluta e inquebrantable sin que falten quienes disfrazan su hipocresía con sibilina palabrería poniendo de relieve que la honestidad es un mito. Y en el fondo no les preocupa la esencia del acuerdo sino el reproche del “cuando lo decidieron los míos lo criticabais y ahora que lo deciden los vuestros lo bendecís” o “lo de ahora es una necesidad para sobrevivir y lo de antes fue una orgía para unos cuantos”, Hipócrita es pedir a los demás que se muestren tal y como son y no revisar el propio comportamiento.

Hay que rechazar tanto la doble moral propiade mentes calculadoras y premeditadas como la de quienes amparados en “sus ideales” actúan a sangre fría. Solemos autoengañamos con asiduidad, con tal de no reconocer las carencias de nuestro carácter o hábitos. 

El posible acuerdo con Qatar tiene un indisimulable objetivo económico para el club y si el de Qatar es querer dar un mensaje al mundo, ausente de hipocresía, que legisle con avances en materia de derechos humanos y políticas transversales, con respeto a la pluralidad diversidad e  igualdad, como recoge el artículo 4 de los Estatutos del club. 

Que Qatar sea capaz de “arrancar” el esparadrapo de la camiseta moral de Cruyff e invierta sin contraprestación material a cambio, en las acciones humanitarias que lleva a cabo la Fundación del FCB, sin que se le pida al demonio que acuda a misa, pero sí derrotar las trampas entre lo que perece ser y lo que realmente es.

Hay que abrir un debate en el que puedaestar presente el lenguaje universal de los sentimientos, a los que solemos ponerles máscaras. El toque moral que diferencia la bondad o maldad de las máscaras dependerá del uso que hagamos de ellas.

Alguien dijo que toda persona es sincera a solas, cuando aparece una segunda persona comienza la hipocresía.

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