Cojamos distancia: en la temporada 16-17, el Barça tenía una masa salarial de 471 millones de euros. Tras el pago de la cláusula (222M) del PSG, en agosto de ese año, por Neymar y los fichajes de Dembélé y Coutinho, tanto el presupuesto 17-18, ( al que se le añadió gran parte del pago del brasileño como ingreso extraordinario), como la masa salarial, la cual pasó de 471 a 667 millones, subieron alrededor de  200 millones de un balance al otro.

En la temporada siguiente, la masa salarial siguió aumentando hasta los 722 millones y continuó su ascenso en la campaña 19-20, alcanzando los 759 millones. En el último ejercicio de Josep Maria Bartomeu, los salarios rozaron los 800 millones de euros, quedando la masa salarial, específicamente, en  793 millones. Dicha cifra, representa un incremento superior al 61%, de los 471 millones de cuatro temporadas anteriores (16-17).

Según las últimas informaciones y para el momento de este escrito, la masa salarial actual estaría en 530 millones pero, con el compromiso de reducirla aún en este ejercicio por debajo de los 500 millones. Si nos atenemos a la masa salarial cifrada en los 793 millones de la temporada 20-21, cuando la nueva directiva cogió las riendas del club, la misma se habría reducido en 263 millones en apenas 2 temporadas. Un esfuerzo titánico, donde se tuvieron que renunciar a salarios fuera de mercado y decir adiós a jugadores con todo el dolor del mundo.

Tampoco hay que obviar los 172 millones, los pagos diferidos, por efectos del Covid, acordados en noviembre de 2020, a finiquitar  en las próximas tres temporadas (21-22/22-23 y 23-24). Aunado a ello, debemos añadir los contratos ascendentes a Piqué, De Jong, Ter Stegen, Lenglet, etc., sobre la bocina de la dimisión de Bartomeu, con la única finalidad de cargar buena parte de los salarios a la siguiente Junta Directiva y presentar menos pérdidas en su último ejercicio. Además, tanto los pagos diferidos como los contratos ascendentes, repercuten en la masa salarial hasta 2024, que será cuando por fin podremos liberarnos de ese lastre extra.  

Luego, llegarán los fundamentalistas  del grupo Godo y prestidigitadores de Oriente, saltándose los contextos. Josep Maria Bartomeu nunca tuvo un presupuesto por encima de los 850 millones sin ingresos extraordinarios. Con la ampliación del presupuesto en la 17-18, donde incluyó como tal el importe de la cláusula de Neymar, se auto-impusieron la venta de jugadores cifrada entre 125 y 150 millones en el balance de cada temporada. La ingeniería financiera, con los trueques de Cillessen y Arthur, como algún claro ejemplo, sirvió para cuadrar los ejercicios económicos. Pero, ojo, ¡No podemos hablar de la herencia!

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