Que el Barça navega por una situación de marea de tormentas con presiones de huracanes, es un parte metereo”lógico” evidente. No es la primera vez a lo largo de su historia y es posible que no sea la peor de las tormentas que ha tenido que afrontar desde los tiempos del inolvidable Joan Gamper.

Parece como si además de mareas ciclónicas, sean propias del club las mareas cíclicas, tanto desde el punto de vista político, económico, social, que no siempre se lograron minimizar con igual fortuna. Es como si se hubiera vivido la misma tormenta pero en diferentes barcos.

En la última década, los bien pensantes elitistas que gobernaron el Barça, nos prometieron calma para navegar seguros bajo el criterio de que el talento se construye en la calma, pero se olvidaron por incompetencia de que se requería conocimientos, perseverancia, destreza, criterio y optaron por la tormenta que levantaba olas de dolor, revancha, descrédito, manipulaciones y engaños, intentando dirigirnos hacia su isla de la calma, levantando muros entre los buenos y los malos.

No daban de sí para crear su particular y lujoso Titanic, pero sí se dedicaron a generar icebergs por si alguien tenía la osadía de convertir el club en ese gran barco, intoxicando debates internos y externos y sumergirlo por sabotaje.

Poco valoraron que Laporta ha forjado su talento, más del que algunos le discuten, y carácter en la gestión de la adversidad para dar paso a la estabilidad que de mano de la madurez, permita la mejora contínua.

A Laporta y su junta directiva le dejaron preparados icebergs tramposos con el objetivo de que ni el más insumergible Titanic pudiera sobrevivir. Fichas astronómicas, salarios desmesurados, diferimientos insostenibles, Tebas, CVC, contrato de Messi, periodistas a sueldo, fair play, masa salarial disparados, Camp Nou en ruinas, etc. Etc.

¡Dejaron pinchados hasta los salvavidas!


Puntas de icebergs para repeler “ intrusos”, para diseñar emboscadas que lesionaran la autoestima, el orgullo, las motivaciones. Un objetivo, que el rumbo de Laporta encontrara a cada paso un iceberg donde lo más peligroso estuviera escondido bajo el agua y que le obligara a parar motores para culparlo de la mala mar y de no saber navegar.

Paradójicamente, los autores de esta herencia planificada no son más que arrogantes capitanes de trasatlánticos que encallan y los músicos que lo orquestaron se hundirá, pero ni uno solo con la dignidad de la orquesta del Titanic.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *