“Parole, parole, soltanto parole, parole tra noi”.

Algunos periodistas y medios encuentran en sus datos, pactados o no, la legitimidad para participar en el juego en función de la línea defendida por el medio o por su caudal de expectativas.

El monopolio de la mentira es una herramienta estratégicamente poderosa, cuyo privilegio no piensan dejar escapar fácilmente. El entorno juega a favor, una cuenta de twitter que molesta se cierra, a un periodista indomable se le despide y a un experto en fakes se le promociona. Es la libertad de expresión, amigo.

Tanto en los medios como en las rrss son multitud quienes recurren a la mentira porque les da pánico que la verdad les plante cara.  

Cuando sus “apriorismos” y sus manías, sus prejuicios en definitiva, son tan importantes para ellos, no están dispuesto a que se les cuestione con el dato, la verdad, la evidencia o el hecho concreto. ¿Por qué es tan importante el prejuicio, la post verdad o la mentira para mucha gente ? Muy fácil, porque es confortable y mejor vivir engañado que descubrir la verdad.

Hay quienes se refugian en la convicción de que el consenso es sinónimo de conocimiento. Estar unánimemente de acuerdo, no significa que la afirmación sobre la que se tiene consenso sea una verdad.

Desde el punto de vista del poder y control de los medios, la “verdad” con preocupante frecuencia, tiene un carácter despótico. Por eso los llamados versos libres son odiados por los tiranos, que temen la competencia que les desmonten el monopolio de su verdad y ejercen contra ellos una fuerza coercitiva.

El mentiroso al decorar libremente sus ‘hechos’ para adaptarlos al beneficio y el placer o a las simples expectativas de su fiel audiencia, tiene más posibilidades de ser persuasivo que el relator de la verdad.

La difícil situación económica del Barça impulsa a los gurús y lobies “intelectuales” a ejercer el trumpismo, las medias verdades edificadas sobre mentiras, el lanzamiento permanente de bulos, el desacreditar logros que nos refuerzan, el menospreciar propuestas, el dar categoría de grave tropiezo a lo que son simples anécdotas, el Barça caca…yo pis.

Para mentir no despreciemos que se precisa inteligencia. De entrada, supone tener  el conocimiento de la verdad y a partir de ahí montar la estructura teatral. El mentiroso no sólo es solo un relator de hechos, también es un creador.

La escucha , el análisis , los hechos argumentados no están en el circo comunicativo  porque no venden por falta de demanda. La mentira debe dejar de ser más atractiva que la verdad.

Venimos de un camino que no existió, nuestro reto es vivir el viaje juntos.

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