Victoria de prestigio la de esta noche en el Palau, por parte del equipo blaugrana, frente a nada más y nada menos, que el Campeón de europa: el Magdeburgo.

Partido histórico, de los que quedan en el ideario culé por años, porque el Barça fue, tanto en ataque como en defensa, un ciclón que atropelló a los alemanes, consiguiendo una indiscutida victoria, que ni el más desatado fanático blaugrana se hubiese atrevido a soñar, tanta superioridad.

El historial previo, tampoco invitaba al optimismo. Pues, el equipo dirigido por Bennet Wieger, habia derrotado en las pasadas semifinales de Champions, al conjunto catalán, proclamandose posteriormente, en Campeones del certamen. Pero, a la hora del partido, las estadísticas no juegan. Un Emil Nielsen, que sí que jugó y estuvo brutal en defensa (18 paradas con un 49% de acierto) deteniendo penaltis claves, sobre todo al comienzo del partido.

Petrus, Frade y Carlsbogard mantenían a raya el ataque alemán para dejar un parcial de 12-6 (min. 21.30). Pero, el Magdeburgo, no estaba de paseo en Catalunya y sacó la chapa de Campeón para acercase peligrosamente en el marcador (12-8).

Tocaba picar piedra, si se quería tomar revancha de las últimas derrotas frente a los alemanes. Gonzalo Pérez de Vargas reafirmó en el tabloncillo, su compromiso deportivo con el club, deteniendo sendos penaltis (Magnusson y Weber) y matando el serio intento de remontada; con un contundente 14-8 se acababa una primera parte impecable, destacando y mucho, el aspecto defensivo.

Si en la primera mitad brilló lo defensa, nada más comenzar la segunda, salió a relucir el catálogo ofensivo de los dirigidos por Carlos Ortega, con un Dika Mem intratable, dejando un sonrojante 22-12 (min. 38). Así pues, como no se puede vender la piel del oso, sin antes cazarlo y menos con un equipazo al frente. A poco del final, Aleix Gómez ponía un 31-20 en el marcador, que ni el culé más optimista hubiese soñado, mucho menos que el partido culminara como terminó: 32-20 y una victoria que definitivamente, invita al optimismo.

En cuanto a la afición, se esperaba una mayor asistencia en el Palau, puesto que entraron unas 2000 personas, siendo la segunda jornada de Champions y ante un rival tan especial. Quien si no faltó a la cita, fue el portugués Joao Félix, exótico nuevo refuerzo del primer equipo, quien disfrutó como el que más en las gradas, dando otra muestra de que su barcelonismo no es sólo un discurso para calar en la afición culé.

¡Hasta sentado en las gradas, trae buena suerte! Que sigan los éxitos para los muchachos de Carlos Ortega.

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